Save a Hater

Save a Hater

SALVAR A UN HATER
ESTÁ EN TU MANO

En Accem llevamos desde 1990 trabajando para mejorar la situación y condiciones de vida de personas que viven en riesgo de exclusión social.

Hemos incluido un nuevo grupo, el de los odiadores, a los que ya prestamos ayuda. Por eso lanzamos la campaña “SAVE A HATER”.

Ofrecemos herramientas, información, vídeos y enlaces para combatir el racismo, la xenofobia, la misoginia, la homofobia y la propagación de contenido falso. Ayúdanos a salvarles.

Conoce la campaña Save a Hater

HERRAMIENTAS
PARA NAVEGAR CON BRÚJULA POR LAS REDES

Si queremos salvar a los haters, tenemos que ponérselo fácil. ¡Descubre nuestros vídeos y conviértete en un SalvaHaters!
Es bueno hacerse un chequeo no vaya a ser que el virus del odio se nos haya contagiado un poquito. Aquí encontrarás algunas preguntas para comprobarlo.
Aquí te ofrecemos respuestas cortas y contrastadas para que puedas actuar contra el odio online.
¿Te animas a sumarte al equipo de SalvaHater? Crea tu propia viñeta y compártela con nosotros/as. También puedes descargar y compartir nuestras viñetas.

Desde SiembraRED vamos a plantar semillas de pensamiento crítico, de tolerancia y de solidaridad que nos ayuden a actuar en las redes sociales. ¡Porque las buenas noticias también existen!

Las fotografías de calles, paseos y parques repletos de gente circularon por redes sociales, grupos de WhatsApp y medios de comunicación en el primer día que se permitía la salida de niños y niñas al exterior desde que se declaró el estado de alarma. Lo que debía ser una jornada de celebración porque los más pequeños pudieran al fin respirar aire fresco y caminar más allá de las cuatro paredes de sus casas, se convirtió en indignación ante la irresponsabilidad de padres y madres que no guardaron las debida distancia de seguridad. Las fotos lo demostraban, o quizás no todas ellas. Y es que hay imágenes a veces mienten más que mil palabras y pueden contribuir a la polarización social.

Hay una conocida frase que asegura que "una imagen dice más que mil palabras", pero quizás también es importante recordar otra cita popular, la de que "todo depende del cristal con que se mira". La perspectiva puede alterar las distancias, el ángulo puede distorsionar la realidad y de eso saben mucho los fotógrafos profesionales y aficionados.

Para entenderlo, veamos un ejemplo, difundido en redes sociales por Andres Adamsen (@anderspreben). Esta es la imagen de una cola en la ciudad de Copenhague:



Parece evidente que los ciudadanos daneses no cumplen con el distanciamiento social obligatorio para evitar el contagio del coronavirus. La foto es real, no ha sido retocada, ni tiene filtros. Y aun así, podemos comprobar que nos engaña gracias a otra fotografía del mismo momento y en el mismo lugar:



La diferencia entre una y otra foto es la posición de la cámara y también la lente que se ha utilizado, una es un zoom y la otra es un gran angular.

Las personas expertas en verificación de datos y bulos saben que los mensajes falsos y polarizadores se difunden mucho más si van acompañados de fotos y vídeos. Nos parece que las imágenes no tienen trampa ni cartón y además nos despiertan emociones mucho más rápido que las palabras escritas.

Y de emociones hablamos cuando nos llegan fotos de personas irresponsables que podrían empeorar la situación después de el gran sacrificio social que supone el confinamiento. La rabia y el miedo son sentimientos lógicos en tiempos de encierro e incertidumbre, pero no debemos dejarnos arrastrar. Pongamos otro ejemplo, esta vez más cercano, en la ciudad de Donosti.


Esta fotografía fue una de las que más circuló en redes sociales el domingo 26 de abril para demostrar que la irresponsabilidad de la gente en el primer día de salida de los más pequeños. El usuario de twitter @nakomico añadió las flechas rojas para diferenciar la distancia sentida, es decir, la que vemos en la imagen, y la real. Y resulta que entre un vértice de la flecha y el otro hay unos 160 metros, como mostró con la ayuda de un callejero:


¿Pero cómo es esto posible?


No es magia, sino técnica fotográfica. Con el uso de un teleobjetivo, la cámara aplana las imágenes, porque enfoca un campo muy amplio y logra que los objetos alejados se acerquen hasta parecer que están casi pegados.

Algo parecido ocurrió en otros lugares, como Cádiz. La aglomeración de personas parece evidente en el paseo marítimo de la ciudad andaluza. Esta vez podemos agudizar el ojo fijándonos en el mobiliario urbano:



Las farolas parecen estar pegadas, cuando el sentido común nos dice que se instalan en intervalos de varios metros. En concreto hay 50 metros de distancia entre ellas, por lo que el campo de la imagen tiene casi medio kilómetro, según explican en Cádiz Noticias.

No hay montajes, solo perspectivas que conviene siempre recordar a la hora de contemplar imágenes y antes de dejarse llevar por el enfado. Es muy probable que se dieran casos de incumplimiento, que algunas familias se saltaran las medidas de seguridad. Es importante apelar a la responsabilidad de todas y todos para salir de una crisis que está costando tantas vidas. Pero también es cierto que la rabia, el odio y la polarización en redes no ayudan a superar esta situación en común.
Un presunto responsable hospitalario nos cuenta que la situación está descontrolada; una hipotética médica de urgencia nos asegura que hay muchos más casos de coronavirus de los que cuentan; un familiar nos manda supuestas imágenes de saqueos de supermercados y una amiga nos reenvía un método casero para comprobar si nos hemos contagiado.

Nuestros móviles se llenan estos días de audios, mensajes de texto y vídeos de supuestos especialistas que dan noticias alarmistas, personas muy enteradas que nos adelantan primicias, amigos que aseguran tener información de primera mano.

Esos mensajes de voz se contagian por grupos de WhatsApp a un ritmo más vertiginoso que el de un virus. Y es lógico: nos sentimos desconcertados en una situación excepcional que puede afectar a nuestra salud y a muchos otros ámbitos de nuestra vida. Tenemos la sensación de que perdemos el control y de que nos falta información para evaluar el riesgo, a veces incluso sospechamos que nos engañan. Todo lo que ocurre nos genera gran expectación y nos sentimos tentados en ser los primeros en contar la última noticia en el grupo de amigos.

Por difícil que resulte, es precisamente en estos momentos cuando se hace más imprescindible reducir al máximo la propagación de bulos y rumores para evitar la alarma social. Por salud pública debemos acostumbrarnos a lavarnos mucho las manos y no compartir audios reenviados.

Para identificar los bulos del coronavirus, pueden seguirse algunos consejos básicos. El primero es el de aplicar el sentido común. No parece muy verosímil creer, por ejemplo, que haya afectados por el coronavirus en Euskadi que escupan en los asientos de urgencias para que todo el mundo se contagie, ¿verdad? Pues ese es uno de los audios que se difunde estos días. Si lo pensamos un poco tampoco parece creíble que contener la respiración sirva para comprobar un contagio ni que esnifar cocaína sirva para curarlo. Y eso también está circulando por WhatsApp.

El segundo consejo es el de dedicar un poco de tiempo a comprobar la veracidad de lo que nos llega y actuar con responsabilidad. Las cuentas oficiales de las autoridades sanitarias y las de verificadores de datos son una buena fuente de comprobación, aunque no sean infalibles.



 



El último audio que aparece en el grupo de WhatsApp es muy probable que ya haya sido desmentido, así que, por favor, haz una búsqueda en internet antes de usar el dedo rápido para compartir. No, el jefe de cardiología del Gregorio Marañón no ha mandado un mensaje contando que habrá un despegue brutal de cifras de contagios:

https://twitter.com/SaludMadrid/status/1237386580492312578?s=20

Tampoco nos valen las fotos o vídeos como prueba concluyente de que algo está ocurriendo. Esas imágenes pueden ser de otro momento o de otro país y se usan ahora fuera de contexto.

Por ejemplo, circula el vídeo de unos incidentes en Chile que está sirviendo para ilustrar el supuesto saqueo de supermercados en España. Se pueden utilizar herramientas de verificación inversa de imágenes para comprobar de dónde salen esos vídeos o fotos originalmente.

Además las imágenes muestran un instante que puede distorsionar la realidad. Hay quien hace fotos estos días de algún estante vacío en los supermercados unos minutos antes de que vengan a reponer los productos. Al verlas sentimos la urgencia de salir a comprar, ¿verdad?

Y es que uno de los grandes problemas es que esos mensajes pueden convertirse en profecías autocumplidas. Si nos llegan una y otra vez mensajes de desabastecimiento, acabamos cayendo en la trampa del miedo para correr hacia el supermercado y hacer acopio de papel higiénico y conservas. Y al final podemos acabar provocando precisamente problemas para reponer productos de primera necesidad. El remedio es peor que la enfermedad y nunca mejor dicho.

Si difundimos rumores anticipados de una supuesta e inminente prohibición de movimientos en una comunidad especialmente afectada, lo que puede ocurrir es que mucha gente trate de salir de manera precipitada y sin guardar las debidas medidas de precaución frente al contagio.

Cuando los bulos del coronavirus contienen parte verdad, se nos hace más difícil darnos cuenta de que son falsos. Por ejemplo, las recomendaciones de higiene que hacen los supuestos médicos en sus mensajes de voz y las explicaciones científicas que dan, provocan que les demos más credibilidad. Parémonos a pensar si el mensaje alarmista que subyace a esos mensajes sirve de algo en estos momentos, si vamos a ayudar a alguien compartiéndolo o por el contrario contribuiremos a sembrar el pánico.

Estos días en redes sociales se habla mucho de la necesidad de aplanar la curva del coronavirus. Debemos seguir las medidas de precaución como lavarse las manos, nos tocarse la cara, mantener la distancia, evitar viajes innecesarios y aglomeraciones es nuestra manera de contribuir socialmente en estos momentos. Quizás seamos personas jóvenes y fuertes, pero conviene pensar en que hay que controlar la propagación para evitar que se sobrepase la capacidad del sistema sanitario.

https://twitter.com/SiouxsieW/status/1236721200291655680?s=20

Para actuar con cautela y responsabilidad, resulta imprescindible mantener la calma e identificar las fuentes fiables. Evitemos que se propaguen también los bulos y corra el miedo como un virus por nuestros grupos de WhatsApp.
mamá hater bulos redes sociales
Un pariente pone en el grupo de WhatsApp de la familia un mensaje alarmista que habla de un atentado terrorista inminente o explica que una banda organizada está desvalijando casas con el truco de la colonia. Preguntas de dónde han sacado esa información y responden que se lo ha enviado un amigo por otro grupo. Resulta que es un bulo, que se la han colado otra vez.
¿Te suena esa escena? A casi todas las personas preguntadas les ha pasado alguna vez. Y lo que parece una broma, es un problema serio.

Cuentan las personas expertas en verificación de datos que WhatsApp se ha convertido en la red estrella para la desinformación. Y los estudios apuntan a que las personas mayores son más propensas a creerse los bulos y compartirlos. Tu madre puede ser una hater, o igual hater eres tú y aun no te has dado cuenta.

WhatsApp es una de las aplicaciones más populares, está presente en casi todos los teléfonos móviles. Y precisamente por eso, es un lugar muy interesante para bromistas, ladrones, estafadores y haters.

Pero hay otra explicación: WhatsApp es una red de mensajería formada principalmente por grupos cerrados donde solo participan sus miembros. En el grupo de tu familia, en el del equipo de fútbol, en el de la gente de la universidad solo podéis responder quienes habéis sido agregados. Así que la tarea de desmentir un mensaje falso queda en manos de unas pocas personas. No ocurre lo mismo con Twitter o Facebook, por ejemplo, donde por lo general cualquiera puede contestar y desmentir los mensajes y los gestores de las redes pueden borrarlos si comprueban que son falsos (no siempre lo hacen, pero poder pueden).

Total, que te llega un mensaje alertando de unas fresas envenenadas, por poner un ejemplo, y decides reenviarlo al grupo de madres y padres del cole por si acaso. Y a golpe de reenvíos y por si acasos se van viralizando las noticias falsas hasta convertirse en una intoxicación.

Es una faena para, por ejemplo, los productores de fresas, que pueden sufrir una caída de ventas sin sentido. Ahora imagínate que lo que circula de grupo en grupo son noticias falsas sobre personas refugiadas que se quedan con todas las ayudas sociales, manteros que atacan a la policía, rumanos que atracan. Todo esto ocurre y lo que lees en WhatsApp influye en la opinión que te formas sobre esos colectivos a base de noticias falsas o tergiversadas.

La cosa se pone peor en caso de personas de cierta edad. Las personas mayores de 65 años comparten siete veces más noticias falsas que las más jóvenes, según un estudio publicado en la revista científica Science Advances. El estudio se realizó en Estados Unidos, pero puede servir una tendencia que comprobamos en la práctica.

Y no es que las personas mayores sean más tontas, sino que, entre otras cosas, tienen menos alfabetización digital. No se han criado ni crecido por internet, han tenido que acostumbrarse a manejarse con el móvil y el ordenador cuando ya es más complicado aprender. Y tienden a pensar que lo que les llega es cierto. Si quieren comprobar la veracidad, les cuesta más manejar las herramientas necesarias.

Las autoras del estudio hablan de otro motivo, la pérdida de memoria. Eso hace que pueda costarles más acordarse de que el mensaje ya circulo hace unos meses por WhatsApp, que la foto que se usa en la noticia falsa ya la han visto en otro lado.

En resumen, tu madre puede ser una hater sin saberlo. Y también tu abuelo, tu suegro, la vecina de escalera e incluso tú. Reenviar un mensaje puede ser un paso más en la escalada del odio y las noticias falsas, así que comprueba antes de hacerlo y, si dudas, no lo pases.

También puedes echarle un vistazo a nuestra la pestaña de herramientas o incluso organizar un taller, como los que proponemos desde la campaña Save a Hater y descargar algunas piezas para que compartas en redes sociales.

EL PROGRAMA:
'SiembraRED'

La campaña “SAVE A HATER” se engloba en SiembraRed.

La campaña “SAVE A HATER” se engloba en  dentro del proyecto SiembraRed, un programa de sensibilización impulsado por Accem.

SiembraRED persigue generar conciencia crítica entre la ciudadanía, promover la reflexión sobre el modo como utilizamos las redes sociales, luchar contra la discriminación y ayudar a evitar y atajar conductas potencialmente violentas.

SiembraRED es un programa desarrollado por la ONG Accem y financiado por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.

Este programa, es posible gracias a todas las personas que en su declaración anual de la renta marcaron la casilla de la ‘X Solidaria’.

Accem es una organización sin ánimo de lucro de ámbito estatal cuya misión es la defensa de los derechos fundamentales, la atención y el acompañamiento a las personas que se encuentran en situación o riesgo de exclusión social.

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