Save a Hater

Save a Hater

SALVAR A UN HATER
ESTÁ EN TU MANO

En Accem llevamos desde 1990 trabajando para mejorar la situación y condiciones de vida de personas que viven en riesgo de exclusión social.

Hemos incluido un nuevo grupo, el de los odiadores, a los que ya prestamos ayuda. Por eso lanzamos la campaña “SAVE A HATER”.

Ofrecemos herramientas, información, vídeos y enlaces para combatir el racismo, la xenofobia, la misoginia, la homofobia y la propagación de contenido falso. Ayúdanos a salvarles.

Conoce la campaña Save a Hater

HERRAMIENTAS
PARA NAVEGAR CON BRÚJULA POR LAS REDES

Si queremos salvar a los haters, tenemos que ponérselo fácil. ¡Descubre nuestros vídeos y conviértete en un SalvaHaters!
Es bueno hacerse un chequeo no vaya a ser que el virus del odio se nos haya contagiado un poquito. Aquí encontrarás algunas preguntas para comprobarlo.
Aquí te ofrecemos respuestas cortas y contrastadas para que puedas actuar contra el odio online.
¿Te animas a sumarte al equipo de SalvaHater? Crea tu propia viñeta y compártela con nosotros/as. También puedes descargar y compartir nuestras viñetas.

Desde SiembraRED vamos a plantar semillas de pensamiento crítico, de tolerancia y de solidaridad que nos ayuden a actuar en las redes sociales. ¡Porque las buenas noticias también existen!

mamá hater bulos redes sociales
Un pariente pone en el grupo de WhatsApp de la familia un mensaje alarmista que habla de un atentado terrorista inminente o explica que una banda organizada está desvalijando casas con el truco de la colonia. Preguntas de dónde han sacado esa información y responden que se lo ha enviado un amigo por otro grupo. Resulta que es un bulo, que se la han colado otra vez.
¿Te suena esa escena? A casi todas las personas preguntadas les ha pasado alguna vez. Y lo que parece una broma, es un problema serio.

Cuentan las personas expertas en verificación de datos que WhatsApp se ha convertido en la red estrella para la desinformación. Y los estudios apuntan a que las personas mayores son más propensas a creerse los bulos y compartirlos. Tu madre puede ser una hater, o igual hater eres tú y aun no te has dado cuenta.

WhatsApp es una de las aplicaciones más populares, está presente en casi todos los teléfonos móviles. Y precisamente por eso, es un lugar muy interesante para bromistas, ladrones, estafadores y haters.

Pero hay otra explicación: WhatsApp es una red de mensajería formada principalmente por grupos cerrados donde solo participan sus miembros. En el grupo de tu familia, en el del equipo de fútbol, en el de la gente de la universidad solo podéis responder quienes habéis sido agregados. Así que la tarea de desmentir un mensaje falso queda en manos de unas pocas personas. No ocurre lo mismo con Twitter o Facebook, por ejemplo, donde por lo general cualquiera puede contestar y desmentir los mensajes y los gestores de las redes pueden borrarlos si comprueban que son falsos (no siempre lo hacen, pero poder pueden).

Total, que te llega un mensaje alertando de unas fresas envenenadas, por poner un ejemplo, y decides reenviarlo al grupo de madres y padres del cole por si acaso. Y a golpe de reenvíos y por si acasos se van viralizando las noticias falsas hasta convertirse en una intoxicación.

Es una faena para, por ejemplo, los productores de fresas, que pueden sufrir una caída de ventas sin sentido. Ahora imagínate que lo que circula de grupo en grupo son noticias falsas sobre personas refugiadas que se quedan con todas las ayudas sociales, manteros que atacan a la policía, rumanos que atracan. Todo esto ocurre y lo que lees en WhatsApp influye en la opinión que te formas sobre esos colectivos a base de noticias falsas o tergiversadas.

La cosa se pone peor en caso de personas de cierta edad. Las personas mayores de 65 años comparten siete veces más noticias falsas que las más jóvenes, según un estudio publicado en la revista científica Science Advances. El estudio se realizó en Estados Unidos, pero puede servir una tendencia que comprobamos en la práctica.

Y no es que las personas mayores sean más tontas, sino que, entre otras cosas, tienen menos alfabetización digital. No se han criado ni crecido por internet, han tenido que acostumbrarse a manejarse con el móvil y el ordenador cuando ya es más complicado aprender. Y tienden a pensar que lo que les llega es cierto. Si quieren comprobar la veracidad, les cuesta más manejar las herramientas necesarias.

Las autoras del estudio hablan de otro motivo, la pérdida de memoria. Eso hace que pueda costarles más acordarse de que el mensaje ya circulo hace unos meses por WhatsApp, que la foto que se usa en la noticia falsa ya la han visto en otro lado.

En resumen, tu madre puede ser una hater sin saberlo. Y también tu abuelo, tu suegro, la vecina de escalera e incluso tú. Reenviar un mensaje puede ser un paso más en la escalada del odio y las noticias falsas, así que comprueba antes de hacerlo y, si dudas, no lo pases.

También puedes echarle un vistazo a nuestra la pestaña de herramientas o incluso organizar un taller, como los que proponemos desde la campaña Save a Hater y descargar algunas piezas para que compartas en redes sociales.
desinformación en elecciones
Los buzones se nos llenan de sobres de todos los colores; de las farolas cuelgan caras de hombres, los más, y mujeres, las menos, sonrientes; los lemas nos asaltan cada vez que abrimos una página web. En épocas de campañas nos inunda la propaganda electoral en todos sus formatos. También y cada vez más en las redes sociales. Allí los partidos pueden hacer anuncios a medida, segmentando públicos según sus intereses y preocupaciones y asegurándose un acceso directo a las personas que quieren convencer de que les voten.

Hasta aquí todo suena lógico, pero a veces ocurre al revés. Quién lo iba a decir, hay quienes invierten mucho dinero en lograr justo lo contrario, que no votemos. Apelan a nuestros enfados y nuestros miedos legítimos para pedir que no acudamos a las urnas o escojamos a un candidato con escasas posibilidades de éxito. Mezclan datos y hechos reales, con bulos y tergiversaciones de la realidad.

En el año 2016, por ejemplo, Donald Trump y Hillary Clinton se jugaban el acceso a la Casa Blanca. Miles de cuentas de Twitter, Facebook, Instagram y YouTube se pusieron a funcionar para evitar que la representante demócrata lo lograse. Y muchas de ellas se dirigieron a la población negra de Estados Unidos. Hablaban de problemas reales de violencia racial y discriminación, de brutalidad policial, de los efectos de la tenencia de armas. Reivindicaban el legítimo orgullo de ser negros y negras. Pero también difundían bulos, como un supuesto hijo ilegítimo de Bill Clinton con una prostituta negra que este no había querido reconocer.

Esas cuentas parecían ser de ciudadanos normales o de colectivos a favor de los derechos civiles. Y en algún punto llamaban a sus seguidores a no votar en las elecciones presidenciales. O bien, les invitaban a votar a una candidata con pocas opciones, Jill Stein.

Llegó el día de las elecciones y la participación de los votantes afroamericanos cayó cerca de siete puntos con respecto a los comicios anteriores. Las papeletas que logró Jill Stein hubiesen sido decisivas para que Hillary Clinton fuese proclamada presidenta. Ganó Trump. Una campaña de desinformación respaldó a un presidente aficionado a los bulos y noticias falsas. Todo encaja.

De todo esto se ha investigado mucho desde 2016. La Agencia de Investigación de Internet (IRA, en sus siglas en inglés) basada en la ciudad rusa de San Petersburgo estuvo detrás de una campaña que apoyaba a Trump de una manera más que cuestionable. Como era evidente que determinados colectivos (afroamericanos, izquierdistas, LGTBI, etc) nunca votarían al candidato republicano, lo que había que lograr es que no fuesen a votar a nadie.

El truco parece tentador. Tanto que se repite a lo largo y ancho del planeta con resultados desiguales. En barrios trabajadores de Madrid, Sevilla y otras ciudades aparecieron pocos días antes de las elecciones del 10 de noviembre carteles con el lema “no contéis conmigo” impreso sobre los rostros de dos candidatos, mientras tanto en redes se difundían campañas similares. Finalmente son varios los estrategas políticos han aparecido como financiadores de los anuncios. Mientras los responsables de las redes sociales no actúen de manera decidida frente a la publicidad engañosa y la desinformación, nos tocará andar con cuidado cuando nos pidan la abstención.
Prejuicios, tópicos, estereotipos, rumores, generalizaciones: estos son algunos de los ingredientes que nunca faltan en el cóctel que nuestros/as amigos/as los haters nos intentan hacer beber cada mañana. Sobre ellos construyen los mensajes de carácter discriminatorio que después hacen circular e intentan colar en los timelines de nuestras redes sociales o en nuestros grupos de mensajería instantánea. Mensajes que son siempre oportunistas y que tratan de apuntar a temáticas muy sensibles para ganar adeptos.

Ya hemos hablado en anteriores ocasiones en cómo las personas inmigrantes constituyen uno de los principales objetivos de los/as haters. Esta vez nos detenemos en la supuesta relación que los/as haters xenófobos y racistas intentan colarnos entre inmigración y delincuencia. Y desde el primer momento queremos dejar claro que se trata de una falsedad más. No hay elementos reales que relacionen la presencia de personas extranjeras con un supuesto empeoramiento de la seguridad ciudadana. No es el origen o la nacionalidad un elemento decisivo en la vulneración del Código Penal. El contexto social, el desempleo, la desigualdad y la falta de oportunidades son elementos mucho más determinantes.

Una acusación con el único propósito de fomentar la xenofobia


Sin embargo, con frecuencia nos encontramos con comentarios en la calle y también en los entornos digitales y las redes sociales que relacionan ambos fenómenos (inmigración y delincuencia) y que sitúan una alargada y muy desagradable sombra de sospecha sobre las personas inmigrantes. Es este además un terreno especialmente sensible, pues tiene que ver con la percepción de seguridad, algo esencial para el bienestar de la ciudadanía. Estas acusaciones jamás se prueban. ¿Por qué? Porque se trata de una acusación cuyo único propósito es sembrar racismo y xenofobia.

Como señala para El Diario en este artículo Elisa García, profesora de la Universidad de Málaga y experta en Derecho Penal y Criminología, después de estudiar diversas investigaciones realizadas en diferentes partes del mundo a lo largo del último siglo, “a diferencia de lo que piensa la opinión pública, (las personas inmigrantes) suelen tener una tasa de delincuencia menor que el grupo de nativos y presentan más resistencia a la delincuencia en contextos desorganizados”.

Alarma social: a río revuelto, ganancia de haters


De vez en cuando, cada vez más a menudo, se alinean los planetas correspondientes y se produce eso que llamamos ‘alarma social’. En las últimas semanas, a partir de los últimos datos sobre criminalidad publicados por el Ministerio del Interior, y que recogió aquí El Mundo, se desató una de estas alertas mediáticas, con epicentro en la ciudad de Barcelona, alrededor de un incremento de los delitos en el primer semestre de año con respecto al mismo periodo de 2018. Más allá de titulares, y de la percepción de aumento general de la inseguridad que se genera, los datos muestran que siendo real un considerable incremento de delitos en la Ciudad Condal según estos datos, a nivel nacional la tasa de hurtos y de robos con intimidación, violencia o fuerza por cada 10.000 habitantes descendió un 4,5 %. Aunque este dato quizás no lo escuchamos demasiado.

Tampoco provocó el mismo efecto ni la misma alarma la publicación en julio del Estudio Mundial sobre el Homicidio de 2019, realizada por Naciones Unidas, informe en el que se sitúa la tasa de homicidios en España entre 2012 y 2017 entre 0,6 y 0,8 homicidios por cada 100.000 habitantes en toda la serie histórica, con una tendencia a la baja. El informe de Naciones Unidas refleja asimismo cómo un tercio de los asesinatos se cometen en España en el ámbito de la familia o de la pareja y tienen como principales víctimas a las mujeres. Puedes pinchar aquí para acceder a la noticia publicada al respecto por RTVE.

Y es que contra lo que pudiera parecer, los datos, cuando se estudian con rigor y se contextualizan, muestran que España es un país bastante seguro. Según información de Eurostat, oficina estadística de la UE, España no ocupa ningún puesto destacado en las clasificaciones de los principales tipos de crímenes, como son homicidios, violaciones y robos. En lo que llevamos de siglo, periodo de tiempo en el que la población inmigrante en España ha aumentado sensiblemente (hasta situarse en torno al 11 % de la población), la tasa de criminalidad no ha aumentado. Por el contrario, este indicador se ha mantenido en la serie histórica con tendencia a la baja. Si en 2005 se situaba en 50,5 delitos por cada 1.000 habitantes, en 2010 bajó a 48,9 y en 2015 se llegó a situar en 43,5. En 2017, último dato en el que está disponible, la tasa de criminalidad era de 44 delitos por cada 1.000 habitantes. Puedes acceder aquí a la información que sacó al respecto Europa Press con muchos datos de interés.

Así que, avezados/as lectores y queridos/as salvahaters toca fijarse en fuentes de referencia y hacer más caso de estudios e investigaciones serias y rigurosas que de alarmas sociales o mediáticas interesadas y cadenas de mensajes mentirosos con la intención de poner en el disparadero a un colectivo determinado. Toca también ir a la letra pequeña y hacer más caso del texto de las informaciones que de los grandes titulares en busca del click. Como siempre, aquí os dejamos algunas piezas para redes sociales para no dejar que este cóctel indigesto que nos sirven los/as haters se le suba a nadie a la cabeza o nos agujeree peligrosamente el estómago.

EL PROGRAMA:
'SiembraRED'

La campaña “SAVE A HATER” se engloba en SiembraRed.

La campaña “SAVE A HATER” se engloba en  dentro del proyecto SiembraRed, un programa de sensibilización impulsado por Accem.

SiembraRED persigue generar conciencia crítica entre la ciudadanía, promover la reflexión sobre el modo como utilizamos las redes sociales, luchar contra la discriminación y ayudar a evitar y atajar conductas potencialmente violentas.

SiembraRED es un programa desarrollado por la ONG Accem y financiado por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.

Este programa, es posible gracias a todas las personas que en su declaración anual de la renta marcaron la casilla de la ‘X Solidaria’.

Accem es una organización sin ánimo de lucro de ámbito estatal cuya misión es la defensa de los derechos fundamentales, la atención y el acompañamiento a las personas que se encuentran en situación o riesgo de exclusión social.

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