Violencia de género online: cuando es tarde para echarnos las manos a la cabeza

Acoso digital a la mujer

Violencia de género online: cuando es tarde para echarnos las manos a la cabeza

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Las redes sociales o las aplicaciones de mensajería instantánea nos permiten posibilidades de comunicación que nunca antes habíamos podido imaginar. La manera que han acortado las barreras espacio-temporales para la comunicación son verdaderamente asombrosas y, por regla general, muy positivas. Sin embargo, cuando no son usadas con sentido común, conciencia y responsabilidad las consecuencias pueden ser fatales e irreversibles. Es el caso, desgraciadamente, que hemos conocido esta semana en España: una mujer de 32 años se ha suicidado después de que comenzara a difundirse masivamente entre sus compañeros y compañeras de trabajo y a través de una conocida aplicación de mensajería instantánea un video de contenido sexual en el que ella aparecía.

Estos trágicos acontecimientos vuelven a poner en primer plano la necesidad de estar y actuar con responsabilidad también en los entornos digitales. Conscientes o no del daño que se podía estar generando y de las consecuencias que sus actos podían provocar, fueron muchos/as, y en el propio entorno laboral de la víctima, quienes contribuyeron a este desenlace. Alguien comenzó a difundir ese video, muchos/as lo vieron, lo comentaron, lo cotillearon, se mofaron, lo reenviaron, lo siguieron difundiendo. El video acabó llegando al entorno familiar de la víctima, quien ante tal exposición pública de su privacidad y su intimidad, no pudo soportar la presión laboral ni familiar y finalmente se quitó la vida, dejando además huérfanos a dos menores.  Y nos preguntamos y os preguntamos ¿hay que llegar a este punto para empezar a reflexionar sobre el uso que se le debe dar a las redes sociales y las aplicaciones de mensajería? Nuestros actos tienen consecuencias.

Este caso, sin embargo, no es únicamente un horrible ejemplo de las consecuencias de un uso irresponsable de las herramientas digitales de comunicación. Es además un caso de violencia de género. Existe un fenómeno conocido como ‘porno por despecho’ que consiste en la difusión de contenido íntimo o sexual de una persona como forma de venganza de su pareja o ex pareja por ser  rechazada o por haber terminado una relación. Según recogen varios medios de comunicación, lo ocurrido esta semana en Madrid respondería a este esquema en su origen.

Violencia de género online: cambia el lugar, no la naturaleza de la agresión

La violencia de género representa la cara más dura de la desigualdad entre mujeres y hombres y constituye uno de los grandes males de nuestra sociedad. Según datos de ONU Mujeres, el 35% de las mujeres en algún momento de sus vidas ha sufrido violencia física y/o sexual por parte de un compañero sentimental o violencia sexual por parte de otra persona diferente a su compañero sentimental. La violencia de género también ha encontrado un canal en los entornos digitales; muchas niñas, adolescentes y mujeres ven cómo la violencia que sufren en su día a día en el mundo offline se reproduce también en los medios online, con los mismos patrones patriarcales, misóginos y machistas.

Es indudable que Internet y las redes sociales han contribuido al empoderamiento de la mujer a nivel mundial. Estos canales digitales son empleados para aprender, informarse, comunicar, conectarse entre sí e incluso denunciar. Si bien existe una brecha de género en el acceso a las tecnologías, las mujeres han encontrado en el mundo digital una ventana al mundo para expresarse y para avanzar en la conquista de la igualdad. Un ejemplo de ello fue el movimiento #MeToo en Estados Unidos, un terremoto que se originó en las redes sociales con epicentro en los Estados Unidos con la finalidad de dar voz a las mujeres que por mucho tiempo habían tenido que callar casos de acoso y abusos sexuales. Algo parecido sucedió en el mundo hispanohablante cuando a partir del hashtag #Cuéntalo, impulsado por la periodista Cristina Fallarás, más de 790.000 mujeres revelaron agresiones sexuales que habían sufrido o de las que estaban siendo víctimas ellas o alguna otra mujer de su entorno en España y Latinoamérica.

La violencia de género online no es un fenómeno menor en gravedad ni en repercusiones por tener lugar en el ámbito digital. El canal donde tienen lugar los actos de violencia cambia, pero no así la naturaleza de la agresión. En realidad, la violencia de género online presenta una serie de rasgos a los que hay que prestar especial atención. Los ataques, amenazas, acoso y hostigamiento online, además de ser muy graves en sí mismos, pueden desembocar en actos de violencia offline de extrema gravedad.

Hemos identificado un factor que consideramos muy relevante: la violencia de género online tiene un efecto disuasorio. Ante el temor de sufrir ataques o acoso, muchas mujeres se abstienen de participar o abandonan las redes sociales, la autocensura es una realidad; algunas mujeres recurren a seudónimos o adoptan un perfil bajo en su presencia en redes sociales para no ser el foco de atención, pero esto a la larga socava su vida personal y profesional.

Por ser Internet y las redes sociales plataformas en las que el contenido se comparte una y otra vez, a través de buscadores que facilitan su hallazgo y también por lo difícil que resulta eliminar por completo el rastro de una publicación, las víctimas de la violencia online sufren estrés, ansiedad, miedo a salir, pensamientos suicidas, pérdida de confianza en la seguridad de las herramientas tecnológicas, aislamiento social y depresión.

Los actos de violencia online se apoyan en elementos propios de este entorno digital, sobre los que hemos reflexionado en la campaña Save A Hater: el anonimato, la percepción de impunidad, la velocidad de difusión, la permanencia de la información en el tiempo o los riesgos de normalización son algunos de ellos. Visita Save A Hater y encuentra más información sobre todo esto.

¿Quieres saber más sobre la violencia de género online? Así actúa el hater misógino

Según datos recogidos en el informe «Las violencias de género en línea» publicado por Pikara Magazine en marzo de 2019, las mujeres de entre 18 y 30 años que se encuentran en una relación íntima de violencia, las mujeres supervivientes de violencia física o sexual o las mujeres profesionales que participan en espacios de debate y comunicación como activistas, artistas, periodistas o investigadoras, son foco claro para los haters.

Hay mujeres que además por diferentes situaciones corren un mayor riesgo de sufrir violencia de género online: las mujeres pertenecientes a una minoría étnica, las racializadas, las indígenas, o las que tienen una orientación sexual diferente a la heterosexual; en algunos casos debido precisamente a que usan estos canales para promover sus derechos en la sociedad, tal y como lo recoge el citado informe.

¿Os han robado alguna vez las llaves de vuestra casa o las habéis perdido? El temor a que caigan en poder de alguien con malas intenciones, que pueda entrar y revolver todo tiene también su reflejo en el ámbito de online, donde también se pone en riesgo la privacidad. Una vez más, vemos cómo el mundo offline y el online no son ajenos. En el ámbito digital las llaves son las contraseñas de nuestras redes sociales y correos electrónicos y la violación de nuestra privacidad puede llevar a nuestra propia casa (ordenador personal o smartphone).

Con las contraseñas en su poder, alguien con malas intenciones puede acceder, manipular información, suplantar la identidad de la víctima y hasta difundir fotos y vídeos sin el consentimiento de la persona afectada. Otra forma de violencia de género en línea es el monitoreo y la vigilancia a la mujer a través de un programa informático espía que recopila información sobre los hábitos online de la persona, como su historial e información personal. A través de la geolocalización, los haters también actúan para acechar a la víctima.

La violencia contra las mujeres online se manifiesta en amenazas directas de violencia física y sexual, comentarios abusivos, petición o envío de material sexualmente explícito, comentarios sexistas y hasta inducción al suicidio. Algunas de las formas de violencia de género en línea son castigadas, según lo prevé el Código Penal español.

El fenómeno de la violencia de género online es global y los patrones de respuesta ante ello por parte de las víctimas se repiten. Según el informe de Luchadoras de 2017 de México, las mujeres que sufrieron acoso en su mayoría bloquearon al atacante o ignoraron la situación. Las demás optaron por cambiar el número de teléfono o la cuenta vulnerada, informaron a un tercero, confrontaron al atacante y una minoría denunció.

La violencia de género online es un fenómeno grave e importante. No podemos dejarlo pasar.

Si eres o has sido víctima de ciberacoso, no te resignes, no te calles, pide ayuda.

Si detectas casos de violencia de género online a tu alrededor, actúa.

Es responsabilidad de todos y todas ser parte de la solución y no del problema.

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