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El sueño de los haters: misoginia y xenofobia en un mismo bulo y

El sueño del hater: xenofobia y misoginia en un mismo bulo

Culpar a los hombres migrantes de la violencia de género: xenofobia de manual

Hoy queremos dedicarnos a otro de esos maliciosos bulos que circulan por ahí, alentado interesadamente desde ciertas posiciones, personajes y organizaciones. Nos referimos a aquel que afirma que la violencia de género y los asesinatos machistas son cometidos principalmente por hombres extranjeros.

Con este rumor, nuestros adorables haters consiguen rizar el rizo: alimentar la estrategia del odio en dos direcciones a la vez, hacia los hombres migrantes, como discurso xenófobo, y hacia las mujeres, a través de la extensión del discurso negacionista que rechaza la propia existencia de la violencia de género.

Acusar a los hombres extranjeros de ser los responsables de la violencia de género potencia, evidentemente, el racismo y la xenofobia. Podríamos decir que es un caso ‘de manual’. Los hombres inmigrantes son utilizados como chivo expiatorio al que culpar de un mal social, en este caso la violencia de género. Identificado el culpable, suceden dos cosas. La primera es que una vez hemos encontrado al culpable, podemos declararlo a los cuatro vientos, podemos señalarlo y dar cauce al odio contra él. La segunda, más sutil, pero no menos perniciosa, es que por el mismo mecanismo los demás hombres (autóctonos, no considerados extranjeros) quedan eximidos de responsabilidad alguna.

El Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género, dependiente del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), ha publicado su Informe sobre Violencia de Género correspondiente al año 2018. Aquí aparece, entre otros datos, cómo entre los 21.043 varones que fueron condenados en los Juzgados de Violencia sobre la Mujer, el 72 % fueron españoles y el 28 % fueron extranjeros.

Parece con datos como este que la violencia de género concierne al conjunto de los hombres, al margen de la nacionalidad, origen o clase social.

Un bulo al servicio del discurso misógino

Pero es que como decíamos, este bulo sirve también a los intereses del discurso misógino, de rechazo u odio hacia las mujeres. ¿Y de qué forma, cuando podría parecer que se está denunciando la violencia de género?

Siguiendo el hilo de nuestra argumentación, el bulo que culpa a los hombres extranjeros alimenta el discurso negacionista que afirma que la violencia de género es solo un invento creado desde el feminismo y desde aquello tan recurrentemente utilizado de la ‘ideología de género’. Con mensajes discriminatorios de este cariz se refuerza esta idea: la violencia de género no existe, no tiene un impacto real y, en todo caso, es propia de los hombres extranjeros y, por tanto, es un fenómeno exógeno, ajeno a nuestra sociedad. Entonces, no tenemos nada de lo que preocuparnos, nada que solucionar. Jugada redonda.

Por esto, junto a algunos datos y argumentos, ponemos a vuestra disposición, afanados/as salvahaters, piezas como estas para responder en las redes sociales a estos comentarios de odio xenófobo y misógino.

Estos bulos, esta rumorología de origen incierto, hacen mucho más daño de lo que parece. Desde Save A Hater queremos invitaros a desactivar el efecto tóxico de estos mensajes: párate a pensar la mejor manera de reaccionar, y después, decide. Puedes cortar la cadena, pedir la fuente de la supuesta información que da base a su mensaje, contestar desmontando su contenido o, en caso necesario, denunciar ante la propia plataforma digital, ante una organización como Accem o, llegado el caso, ante los propios tribunales.

Accede aquí a las herramientas que ponemos a tu disposición desde Save A Hater.

¿Quieres profundizar? Consulta fuentes fiables

El Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género, dependiente del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), en su Informe sobre Violencia de Género correspondiente al año 2018, recoge datos de interés:

– Del total de 18.091 varones que fueron condenados en 2018 por los Juzgados de Violencia sobre la Mujer, los hombres extranjeros constituyen el 28 % del total por un 72 % de españoles.

– En los casos de violencia contra la mujer que se resolvieron en los Juzgados de lo Penal, fueron hombres extranjeros el 29 % de los 16.575 condenados, frente a un 71 % de españoles.

– En 2018 se recogieron un total de 166.961 denuncias por violencia de género en los juzgados españoles. El 31,5 % de las víctimas eran extranjeras.

– Sobre el total de 39.176 órdenes de protección solicitadas, en 12.616 casos correspondieron a hombres extranjeros, que constituyen el 32,2 %. Fueron hombres españoles el 67,8 % de los denunciados.

Además, Newtral publicó el pasado mes de diciembre una información que ahora queremos recuperar. En ella se hacían eco del informe dedicado a los asesinatos por violencia de género que publica anualmente el Ministerio de Presidencia, Relaciones con las Cortes e Igualdad. Entre otros datos, este informe recoge si el culpable del asesinato ha nacido o no en España:

– 2017: el 66,7 % de los asesinatos fueron cometidos por hombres nacidos en España.

– 2016: 65,3 %.

– 2015: 73,3 %.

– 2014: 67,3 %.

– 2013: 68,5 %.

Esto significa que en los últimos años analizados, el porcentaje de culpables de asesinatos machistas que habían nacido en España superó siempre el 65 %, llegando a sobrepasar el 73 % en 2015.

¿No será entonces que nuestros queridos haters han vuelto a hacerlo? ¿Han vuelto a culpar de un enorme problema social a los inmigrantes para extender sus mensajes de odio xenófobo? ¿No será que además han querido simular que la violencia de género no existe como problema en la sociedad española? ¿No será que hemos vuelto a pillar a nuestros queridos haters y, como se suele decir, con el carrito de los helados?

Acoso digital a la mujer

Violencia de género online: cuando es tarde para echarnos las manos a la cabeza

Las redes sociales o las aplicaciones de mensajería instantánea nos permiten posibilidades de comunicación que nunca antes habíamos podido imaginar. La manera que han acortado las barreras espacio-temporales para la comunicación son verdaderamente asombrosas y, por regla general, muy positivas. Sin embargo, cuando no son usadas con sentido común, conciencia y responsabilidad las consecuencias pueden ser fatales e irreversibles. Es el caso, desgraciadamente, que hemos conocido esta semana en España: una mujer de 32 años se ha suicidado después de que comenzara a difundirse masivamente entre sus compañeros y compañeras de trabajo y a través de una conocida aplicación de mensajería instantánea un video de contenido sexual en el que ella aparecía.

Estos trágicos acontecimientos vuelven a poner en primer plano la necesidad de estar y actuar con responsabilidad también en los entornos digitales. Conscientes o no del daño que se podía estar generando y de las consecuencias que sus actos podían provocar, fueron muchos/as, y en el propio entorno laboral de la víctima, quienes contribuyeron a este desenlace. Alguien comenzó a difundir ese video, muchos/as lo vieron, lo comentaron, lo cotillearon, se mofaron, lo reenviaron, lo siguieron difundiendo. El video acabó llegando al entorno familiar de la víctima, quien ante tal exposición pública de su privacidad y su intimidad, no pudo soportar la presión laboral ni familiar y finalmente se quitó la vida, dejando además huérfanos a dos menores.  Y nos preguntamos y os preguntamos ¿hay que llegar a este punto para empezar a reflexionar sobre el uso que se le debe dar a las redes sociales y las aplicaciones de mensajería? Nuestros actos tienen consecuencias.

Este caso, sin embargo, no es únicamente un horrible ejemplo de las consecuencias de un uso irresponsable de las herramientas digitales de comunicación. Es además un caso de violencia de género. Existe un fenómeno conocido como ‘porno por despecho’ que consiste en la difusión de contenido íntimo o sexual de una persona como forma de venganza de su pareja o ex pareja por ser  rechazada o por haber terminado una relación. Según recogen varios medios de comunicación, lo ocurrido esta semana en Madrid respondería a este esquema en su origen.

Violencia de género online: cambia el lugar, no la naturaleza de la agresión

La violencia de género representa la cara más dura de la desigualdad entre mujeres y hombres y constituye uno de los grandes males de nuestra sociedad. Según datos de ONU Mujeres, el 35% de las mujeres en algún momento de sus vidas ha sufrido violencia física y/o sexual por parte de un compañero sentimental o violencia sexual por parte de otra persona diferente a su compañero sentimental. La violencia de género también ha encontrado un canal en los entornos digitales; muchas niñas, adolescentes y mujeres ven cómo la violencia que sufren en su día a día en el mundo offline se reproduce también en los medios online, con los mismos patrones patriarcales, misóginos y machistas.

Es indudable que Internet y las redes sociales han contribuido al empoderamiento de la mujer a nivel mundial. Estos canales digitales son empleados para aprender, informarse, comunicar, conectarse entre sí e incluso denunciar. Si bien existe una brecha de género en el acceso a las tecnologías, las mujeres han encontrado en el mundo digital una ventana al mundo para expresarse y para avanzar en la conquista de la igualdad. Un ejemplo de ello fue el movimiento #MeToo en Estados Unidos, un terremoto que se originó en las redes sociales con epicentro en los Estados Unidos con la finalidad de dar voz a las mujeres que por mucho tiempo habían tenido que callar casos de acoso y abusos sexuales. Algo parecido sucedió en el mundo hispanohablante cuando a partir del hashtag #Cuéntalo, impulsado por la periodista Cristina Fallarás, más de 790.000 mujeres revelaron agresiones sexuales que habían sufrido o de las que estaban siendo víctimas ellas o alguna otra mujer de su entorno en España y Latinoamérica.

La violencia de género online no es un fenómeno menor en gravedad ni en repercusiones por tener lugar en el ámbito digital. El canal donde tienen lugar los actos de violencia cambia, pero no así la naturaleza de la agresión. En realidad, la violencia de género online presenta una serie de rasgos a los que hay que prestar especial atención. Los ataques, amenazas, acoso y hostigamiento online, además de ser muy graves en sí mismos, pueden desembocar en actos de violencia offline de extrema gravedad.

Hemos identificado un factor que consideramos muy relevante: la violencia de género online tiene un efecto disuasorio. Ante el temor de sufrir ataques o acoso, muchas mujeres se abstienen de participar o abandonan las redes sociales, la autocensura es una realidad; algunas mujeres recurren a seudónimos o adoptan un perfil bajo en su presencia en redes sociales para no ser el foco de atención, pero esto a la larga socava su vida personal y profesional.

Por ser Internet y las redes sociales plataformas en las que el contenido se comparte una y otra vez, a través de buscadores que facilitan su hallazgo y también por lo difícil que resulta eliminar por completo el rastro de una publicación, las víctimas de la violencia online sufren estrés, ansiedad, miedo a salir, pensamientos suicidas, pérdida de confianza en la seguridad de las herramientas tecnológicas, aislamiento social y depresión.

Los actos de violencia online se apoyan en elementos propios de este entorno digital, sobre los que hemos reflexionado en la campaña Save A Hater: el anonimato, la percepción de impunidad, la velocidad de difusión, la permanencia de la información en el tiempo o los riesgos de normalización son algunos de ellos. Visita Save A Hater y encuentra más información sobre todo esto.

¿Quieres saber más sobre la violencia de género online? Así actúa el hater misógino

Según datos recogidos en el informe «Las violencias de género en línea» publicado por Pikara Magazine en marzo de 2019, las mujeres de entre 18 y 30 años que se encuentran en una relación íntima de violencia, las mujeres supervivientes de violencia física o sexual o las mujeres profesionales que participan en espacios de debate y comunicación como activistas, artistas, periodistas o investigadoras, son foco claro para los haters.

Hay mujeres que además por diferentes situaciones corren un mayor riesgo de sufrir violencia de género online: las mujeres pertenecientes a una minoría étnica, las racializadas, las indígenas, o las que tienen una orientación sexual diferente a la heterosexual; en algunos casos debido precisamente a que usan estos canales para promover sus derechos en la sociedad, tal y como lo recoge el citado informe.

¿Os han robado alguna vez las llaves de vuestra casa o las habéis perdido? El temor a que caigan en poder de alguien con malas intenciones, que pueda entrar y revolver todo tiene también su reflejo en el ámbito de online, donde también se pone en riesgo la privacidad. Una vez más, vemos cómo el mundo offline y el online no son ajenos. En el ámbito digital las llaves son las contraseñas de nuestras redes sociales y correos electrónicos y la violación de nuestra privacidad puede llevar a nuestra propia casa (ordenador personal o smartphone).

Con las contraseñas en su poder, alguien con malas intenciones puede acceder, manipular información, suplantar la identidad de la víctima y hasta difundir fotos y vídeos sin el consentimiento de la persona afectada. Otra forma de violencia de género en línea es el monitoreo y la vigilancia a la mujer a través de un programa informático espía que recopila información sobre los hábitos online de la persona, como su historial e información personal. A través de la geolocalización, los haters también actúan para acechar a la víctima.

La violencia contra las mujeres online se manifiesta en amenazas directas de violencia física y sexual, comentarios abusivos, petición o envío de material sexualmente explícito, comentarios sexistas y hasta inducción al suicidio. Algunas de las formas de violencia de género en línea son castigadas, según lo prevé el Código Penal español.

El fenómeno de la violencia de género online es global y los patrones de respuesta ante ello por parte de las víctimas se repiten. Según el informe de Luchadoras de 2017 de México, las mujeres que sufrieron acoso en su mayoría bloquearon al atacante o ignoraron la situación. Las demás optaron por cambiar el número de teléfono o la cuenta vulnerada, informaron a un tercero, confrontaron al atacante y una minoría denunció.

La violencia de género online es un fenómeno grave e importante. No podemos dejarlo pasar.

Si eres o has sido víctima de ciberacoso, no te resignes, no te calles, pide ayuda.

Si detectas casos de violencia de género online a tu alrededor, actúa.

Es responsabilidad de todos y todas ser parte de la solución y no del problema.

Bulos sobre violencia de género

¿Acabamos ya con el mito de las denuncias falsas por violencia de género?

Esta vez nos vamos a poner, si cabe, más serios. Ya sabemos que una de las dianas preferidas para los haters del mundo online son las mujeres, porque el odio de carácter machista o misógino aparece continuamente y con una intensidad muy alarmante en los medios digitales. Pero concretamente hoy entramos a una temática de gravedad mayúscula, que deja cada año decenas de mujeres asesinadas y quién sabe cuántas mujeres golpeadas y maltratadas. Vamos a hablar de violencia de género y vamos a tratar de acabar con el tan manido bulo de las denuncias falsas.

Únicamente el 0,01 % de las denuncias presentadas por violencia machista eran falsas: entre 2009 y 2016 las causas incoadas por denuncias falsas fueron 194, frente a las 1.055.912 denuncias por violencia de género presentadas durante esos ocho años. De entre estos 194 expedientes abiertos, 79 terminaron en condena y 110 aún permanecían en investigación. Solo hubo cinco absoluciones para la parte que presuntamente había denunciado falsamente. Estos son los datos que aparecen en la memoria anual de la Fiscalía (2017). Así, queda en evidencia que las denuncias falsas son irrisorias en número, pero sí son perseguidas y castigadas.

También hay que tener en cuenta, que, en cualquier caso, el número de denuncias interpuestas a causa de la violencia de género tampoco es una representación fiel del número de casos reales, pues desgraciadamente este es mucho mayor. La Delegación del Gobierno para la Violencia de Género dio a conocer que el 81% de las mujeres asesinadas por violencia machista durante 2018 no había denunciado previamente.

Estos datos, contundentes por sí mismos, no han logrado parar a los haters misóginos y negacionistas de la violencia de género, que aducen que los datos de falsedad a la hora de denunciar son mucho más altos, pues pretenden contabilizar como falsos todos aquellos casos en los que finalmente no se produce la condena. Sin embargo, que una denuncia no termine en la condena del acusado no la convierte en absoluto en una denuncia falsa. Esto puede deberse a causas variadas: la absolución en un sistema de derecho puede deberse a que no han podido reunirse las suficientes pruebas; puede deberse a que los hechos probados no llegan a constituir un ilícito penal; o puede producirse el caso, y esto es muy frecuente, de que la víctima haya decidido retirar finalmente la denuncia, muchas veces a causa del miedo.

Pocas bromas con esto. Aquí te dejamos algunas piezas para que emplees en tus redes sociales, si lo consideras oportuno, cada vez que te encuentres a un recalcitrante hater con el cuento negacionista de las denuncias falsas.

Bulos como este son extremadamente dañinos e irresponsables, porque ayudan a proteger al agresor y a desproteger a la víctima, porque extienden un halo de sospecha sobre las víctimas de un fenómeno que causa cada año un sufrimiento incalculable. Queremos invitaros a desactivar el efecto tóxico de mensajes misóginos de este cariz: párate a pensar cuál es la mejor manera de reaccionar, y después decide: corta la cadena, desmonta con datos y argumentos, solicita y coteja la fuente del bulo y, en caso necesario, denuncia.

¿Quieres profundizar? ¿Qué es y qué no es una denuncia falsa?

El Código Penal español castiga en su artículo 456 a aquellas personas que, “con conocimiento de su falsedad o temerario desprecio hacia la verdad, imputaren a alguna persona hechos que, de ser ciertos, constituirían infracción penal, si esta imputación se hiciera ante funcionario judicial o administrativo que tenga el deber de proceder a su averiguación, serán sancionados”. En otras palabras: una denuncia falsa consiste en denunciar a otra persona por hechos delictivos (o faltas) que no ha realizado.

Entonces… ¿Qué no es una denuncia falsa?

No todos somos especialistas en Derecho, ni conocemos los tecnicismos de los elementos que conforman los distintos tipos penales. Si una persona denuncia unos hechos en concreto, puede no saber si constituyen o no un delito, aunque crea que sí. Denunciar unos hechos que han ocurrido y que son desagradables para quien los sufre, pero que no están tipificados penalmente o no llegan a traspasar la línea establecida por el legislador para considerarlo un ilícito penal, no es igual que denunciar algo que nunca ha tenido lugar.

Tampoco es una denuncia falsa hacerlo sin las suficientes pruebas. Que no haya pruebas sobre la comisión de un delito o falta no implica automáticamente que los hechos no hayan ocurrido. Realmente aquí radica el mayor problema al que se enfrenta la Justicia a la hora de afrontar los juicios por violencia de género, ya que demostrar fehacientemente haber sufrido violencia de género requiere de pruebas muy concretas y, por este motivo, hay tan pocas condenas en este ámbito en comparación con el total de denuncias.

Finalmente, retirar una denuncia o no ratificarla no la convierte en falsa. Retirar una denuncia puede deberse a factores muy complejos, especialmente cuando hablamos de violencia de género. Romper determinados vínculos o relaciones, por muy tóxicas que sean, puede resultar tremendamente difícil, especialmente para mujeres cuya situación de violencia, sometimiento y anulación ha terminado por generar una red de dependencias emocionales, económicas, sociales o familiares de la que hacen falta muchas fuerzas y apoyos para poder salir. Esto es fácilmente comprobable: nada menos que 7 de cada 10 sentencias absolutorias por temas de violencia de género se debe a la retirada de la denuncia por parte de la víctima, y buena parte de este alto número obedece al miedo a posibles represalias por parte del agresor. No nos es extraño el relato, oído en las noticias, de que una mujer asesinada por su pareja o expareja, a pesar de que ya le había denunciado, continuaba viviendo con él. Resulta difícil afirmar que estas mujeres asesinadas habían denunciado en un primer momento en falso.

Entonces, ¿Cuál es exactamente el afán de los haters por extender este tipo de bulos de carácter misógino? ¿No les parece que la violencia de género sea realmente algo grave e importante? ¿O es la verdadera igualdad entre hombres y mujeres lo que les molesta?

misoginia save a hater accem

El machismo digital, una constante que perpetúa la violencia contra las mujeres

La misoginia continúa afianzada en la red atacando directamente a la igualdad de género

La experiencia de mujeres y hombres en el entorno digital sigue siendo, aun a día de hoy, muy diferente. Frente a la casi siempre garantizada tranquilidad de los hombres, muchas mujeres sufren tratos discriminatorios y machistas. Además, si también coincide la pertenencia a otros colectivos maltratados en las redes, la virulencia de esta misoginia cibernética se multiplica. Así, una mujer musulmana, negra, inmigrante, lesbiana o gitana está mucho más expuesta a los discursos de odio.

La defensa del feminismo y la puesta en evidencia de manifestaciones machistas son las cuestiones por las que más se ataca a las mujeres, intentando ridiculizarlas y contaminando la red con tratos vejatorios y sexistas, e incluso con ataques o amenazas contra su propia integridad física. Estos mensajes, que en el mundo offline serían rápidamente reprochados, se benefician del anonimato del mundo online para difundirse sin pudor.

El sector tecnológico, una industria sexista sin perspectivas de cambio

Todas estas actuaciones misóginas evidencian una arraigada cultura de la violación y de sexualización de la mujer todavía muy presente en el día a día. Y el entorno digital, como reflejo de la sociedad, no es una excepción.

Al mismo tiempo, la perspectiva de negocio de la industria tecnológica no tiene visos de actualizarse a una realidad más inclusiva e igualitaria entre hombres y mujeres. Las campañas siguen representando a las mujeres de manera hipersexualizada y perpetuando estereotipos sexistas. Esta distorsionada imagen de la mujer promueve también el llamado “porno por despecho”, que consiste en difundir fotos o vídeos privados e íntimos, generalmente de la expareja, con la intención de humillarla y ofenderla, reafirmando una mal entendida masculinidad.

Save a Hater: una herramienta para combatir la polarización y el odio en la red

Accem quiere cambiar esta situación. Utilizando como recurso la ironía y el humor lanza esta campaña para “ayudar a reintegrar a los haters en la sociedad”. El objetivo es concienciar sobre la necesidad de despertar el sentido crítico en la ciudadanía, sensibilizándola para combatir los discursos de polarización, misoginia y odio que inundan el mundo digital.

Para ello pone a disposición de todas las personas la web Save A Hater, una iniciativa con la que Accem ofrece una completa serie de herramientas y consejos para identificar y combatir la misoginia, el racismo, la xenofobia y la propagación de contenido falso en la red.

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